SOCIEDAD: Viveza criolla, uno de tantos casos.

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¿Hasta donde puede llegar la viveza criolla? El descaro de muchas personas no tiene limites y fui testigo de esto el día de ayer.

Mi amiga Ingrid me pidió el favor que la acompañara a Ciudad Ojeda para que la guiara por los sitios donde la comida tuviera un precio más accesible. Últimamente vale más el poder comprar la mayor cantidad de comida posible con lo poco que logramos cobrar de nuestros sueldos, que fijarnos en las grandes caminatas que debemos hacer para lograrlo.

Nos bajamos del bus en el primer supermercado, y al hablar con las personas que se encontraban en cola para entrar, nos enteramos que por fortuna era el sitio donde se encontraban los mejores precios. La cola era por la cantidad de personas que estaban dentro y no había cubículos vacíos para guardar las carteras y bolsos que uno llevaba. Yo le pasé mi cartera a Ingrid y entré con mi monedero, para ir adelantando un poco en la cola para pagar.

En eso llego al final de una larga fila, estaban un señor y dos niñas. Luego llegaron dos señoras más, quienes se colocaron detrás de mí. Como no habían tomado ningún artículo, se turnaron para recorrer los pasillos mientras la otra esperaba en la cola. Esto es algo normal últimamente, se dice: «me guardas la cola que ya vengo», porque demoras tanto que lo principal no es escoger lo que llevaremos sino procurar salir lo antes posible. Mientras ellas están con el vaivén llega un señor, no era tan viejo pero si era corto de estatura. Comienza a hablar de que en otro sitio estaban las mantequillas más económicas y no había tanta cola para pagar.

Seguimos a la espera de nuestro turno, y noto que el señor comienza a caminar y a colocarse delante de mí. Él comenta al señor que esta delante de las dos niñas lo mismo de las mantequillas, ya yo tenía una idea a donde iba todo esto. Hacía como si estuviera con el señor para así pasar desapercibido y colársenos.

Tanto las dos señoras como yo notamos esto y al hacérselo saber dijo: «Yo voy aquí», «yo te dije que iba a buscar algo y venía», «todos se van y dejan el puesto botado». Nosotras le respondimos de la mejor manera a todos sus comentarios, pero al ver que el señor tomaba una actitud cada vez más grosera, decidí buscar algún trabajador para que me ayudara a solucionar. Al saberlo me dijo: «estas tocada de la cabeza»…

Llega el trabajador y el señor comienza a gritar de una manera tal que no se entendía lo que decía ni me dejaba explicar la situación. Aparece la dueña del local, una mujer china que hablaba muy fluido su español. Entre gritos intenté explicarle y al ella notar la molestia de todos en la cola, comprendió que quien estaba errado era el fulano señor. Le pidió amablemente que se colocara en su puesto, él respondió con gritos negándose a cooperar. La señora comenzó a tomarlo por el brazo pidiéndole que por favor hiciera caso, a lo que contestó con más gritos y alzó su mano…

Al ocurrir esto la señora le dijo: «Vaya, cálmese y vuelva», «por favor, vaya y vuelva», «ok, así te quedes en la cola no te voy a vender. Por favor retírate». Como no quiso hacer caso le tocó amenazarlo con llamar a los funcionarios del SEBIN, que casualmente se encontraban en la parte de atrás del supermercado porque eran ellos lo que le surtían los almuerzos. Cuando se va a buscarlos, el hombre entre gritos sale del local diciendo: «Mi cuñada es la «yo no sé que» del CICPC, vamos a ver quien sale perdiendo».

Resulta ser que era un hombre problemático, malcriado por su familia. Siempre se metía en problemas y sus familiares funcionarios lo sacaban de sus embrollos.

Esto señores es un abuso por donde lo veamos. Primero se nos quería colar a 4 personas, la falta de respeto al gritarme y los insultos innecesarios, la actitud grosera con la propia dueña del local y el abuso de poder al sentirse respaldado por sus familiares funcionarios. Es como decía la señora que iba antes que él: «por eso es que estamos como estamos, dejamos que venga cualquiera y se nos adelante, no reclamamos, dejamos que nos pisen en cualquier lado, no denunciamos por temor, por eso el país está como está.» Lo peor es que tiene toda la razón.

Ya yo estoy cansada sinceramente de todas estas personas abusivas, por eso decidí alzar mi voz ante la situación, y al menos he «ganado» una de tantas…

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