Crónicas de un venezolano sin luz | Relato 2

¡Hola queridos amigos y lectores! ❤

Para el día de hoy les presento el segundo relato que escribí durante los días en los que LA ELECTRICIDAD NO BRILLABA POR SU AUSENCIA. Esto fue escrito al día siguiente, el 5 de abril del 2019.

Día 11. Los días se parecen mucho, pero claro, uno trata de distraer la mente en algo para que no sean tan monótonos y que el estrés no nos consuma. Hacemos la mayor cantidad de cosas desde muy temprano en la mañana para aprovechar las horas de luz.

Comencé mi día lavando algunas prendas ligeras para el calor que hace. Se hizo el medio día y mientras esperábamos que viniera la luz estuve tejiendo una cinta para el cabello de flores para la sobrina de nuestra amiga Íngrid, porque el 3 fue su cumpleaños y como mi pequeño anda entusiasmado con ella, me pareció buena idea regalarle ese detalle junto a una carta hecha por él.

Se hicieron las 4 de la tarde y nada que llegó la luz. Mataríamos por tomar agua con bastante hielo.Cosas tan insignificantes se nos han vuelto imposibles de cumplir.

Ya cuando comenzó a caer el sol comenzó una brisa bastante refrescante y ya para las 8 de la noche estábamos acostándonos a dormir porque no sabíamos hasta cuando duraría y en que momento comenzarían a fastidiarnos nuevamente los mosquitos.

Eran las 11 de la noche y me despertó un calor terrible, la brisa despareció y mi hijo estaba todo sudado. Con un cartón comencé a darle un poco de viento hasta que me quede dormida nuevamente.

A las 12 y 30 cuando el grito de una vecina me despertó, había llegado la luz. Llevamos a nuestro hijo a dormir un rato al cuarto, porque sabíamos que no nos duraría mucho rato.

Metimos algunas botellas con agua al frezzer y la nevera, cargamos nuevamente los aparatos y nos volvimos a dormir. Casi a las 5am se nos fue nuevamente la luz… Sin esperanzas de que el mismo día nos vuelvan a dar otras 4 horas, porque ellos se pueden atrasar surtiéndola, pero nunca adelantarían la hora.

Efectivamente, al siguiente día no dieron más horas de electricidad, algo que no nos sorprendió para nada…

La verdad que fueron días terribles, el calor y el desespero no es una buena combinación, y mucho menos ya tener para ese entonces un mes viviendo todo el martirio.

Mi esposo y yo hablábamos mucho en las noches para lograr quedarnos dormidos, y entre todos los temas que tratábamos se repetían las mismas preguntas: ¿Hasta cuando será esto? ¿cuánto más nos pueden torturar y por qué la gente se queda tan tranquila? ¿será que nadie hará algo para sacarnos de esto?

Aún seguimos esperando respuestas…

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